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    Bill Gates, el virus y la misión de vacunar al mundo

    El director de uno de los mayores fabricantes de vacunas del mundo tenía un problema. Adar Poonawalla, director ejecutivo del Serum Institute of India, necesitaba 850 millones de dólares para empezar a producir dosis de prometedoras vacunas contra el coronavirus para los pobres del mundo. Poonawalla calculó que podía arriesgar 300 millones de dólares del dinero de su empresa, pero aun así le faltarían más de 500 millones de dólares. Así que buscó a un ejecutivo de software retirado en Seattle. Bill Gates, el fundador de Microsoft ahora convertido en filántropo, conocía a Poonawalla desde hace años. Gates había gastado miles de millones de dólares en ayudar a llevar vacunas al mundo en desarrollo y había trabajado estrechamente con ejecutivos farmacéuticos para transformar el mercado. Al hacerlo, se convirtió en el actor privado más poderoso, y provocador, de la salud mundial. Este verano, para cuando finalizaron las conversaciones entre ambos, Gates había hecho una promesa: la Fundación Bill y Melinda Gates proporcionaría una garantía de 150 millones de dólares para que la fábrica india pudiera seguir adelante con la producción. Para septiembre, la fundación había duplicado su compromiso. Esto forma parte de un esfuerzo de 11.000 millones de dólares para sentar las bases de la adquisición de vacunas contra el coronavirus para más de 150 países, aunque a la larga podría costar más. La iniciativa, financiada en gran parte con fondos públicos, está dirigida por dos organizaciones mundiales sin fines de lucro que Gates ayudó a lanzar y financiar, junto con la Organización Mundial de la Salud, de la cual uno de sus principales donantes es la Fundación Gates. Tras bambalinas, se encuentra el segundo hombre más rico del mundo, que no es ni científico ni médico y que se considera a sí mismo, y a su fundación de 50.000 millones de dólares, como alguien excepcionalmente preparado para desempeñar un papel fundamental. Gates y su equipo están recurriendo a las conexiones y la infraestructura que su fundación ha construido a lo largo de veinte años para ayudar a orientar el esfuerzo. “Sabemos cómo trabajar con los gobiernos. Sabemos cómo trabajar con la industria farmacéutica. Hemos pensado en este escenario”, afirmó Gates en una entrevista reciente. “Necesitamos desempeñar un papel muy, muy clave aquí, al menos en términos de experiencia y relaciones”. A medida que las primeras posibles vacunas se acercan a la aprobación regulatoria, la cuestión de cómo inmunizar a gran parte de la población mundial ha adquirido mayor urgencia. Pero tras nueve meses, el éxito del esfuerzo de la vacuna, conocida como Covax, no es nada seguro. Hasta ahora, solo ha conseguido 3600 millones de dólares en fondos para la investigación, la fabricación y los subsidios para los países pobres. Tres empresas han prometido entregar vacunas, pero aún no se sabe si serán efectivas. Y tal vez sea difícil garantizar los miles de millones de dosis necesarias de manera asequible y oportuna porque Estados Unidos y otros países adinerados han llegado a acuerdos para sus ciudadanos. En meses recientes, Gates ha organizado mesas redondas en línea con funcionarios de las compañías farmacéuticas ; ha buscado llegar a compromisos financieros con los gobernantes mundiales y ha consultado con frecuencia a Anthony Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas de Estados Unidos y colaborador de toda la vida en iniciativas de vacunas. Y para ayudar a dotar de personal al esfuerzo de la vacuna, su fundación ha proporcionado millones de dólares para los consultores de McKinsey & Co. Si la iniciativa, impulsada por Gates, logra ayudar a proteger a los pobres del mundo de un virus que ya ha cobrado la vida de más de 1,3 millones de personas, reafirmará las estrategias que ha promovido en su trabajo filantrópico, incluidos los incentivos para las farmacéuticas. Sin embargo, si el esfuerzo se queda corto, podría intensificar los llamados para que se adopte un enfoque más radical. En medio de la pandemia, algunos funcionarios y defensores de la salud pública sostienen que los fabricantes de vacunas, muchos de los cuales se han beneficiado de un financiamiento público sin precedentes, deberían verse obligados a compartir su tecnología, datos y conocimientos técnicos para maximizar la producción. Por ejemplo, India y Sudáfrica están presionando para que se suspenda la aplicación a nivel mundial de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el virus. Zweli Lawrence Mkhize, ministro de Salud de Sudáfrica, dijo que las prácticas habituales no aplicaban en esta crisis. “Tiene que haber un grado de consulta más amplio que examine lo que es mejor para la humanidad”, dijo. En el plan actual para un acuerdo mundial relativo a las vacunas, los países pobres recibirían solo dosis suficientes para inocular al 20 por ciento de sus poblaciones para fines del año próximo. Algunos modelos muestran que no habrá suficientes vacunas para todo el mundo sino hasta 2024. “La consecuencia de las estrategias de Gates a largo plazo es que van de la mano del control corporativo sobre el suministro”, afirmó Brook Baker, profesor de Derecho de la Universidad del Noroeste y analista de políticas de Health GAP, que aboga por el acceso equitativo a los medicamentos. “En una pandemia, ese es un problema real”. Mientras tanto, los funcionarios de algunos países que participan en la iniciativa de la vacuna se quejan de que apenas se les consultó hasta hace poco. “Nos están presionando, arrinconando, para hacernos pagar”, dijo Juan Carlos Zevallos, el ministro de Salud Pública de Ecuador, sobre los negociadores. “No tenemos elección sobre cuál vacuna queremos usar. Es la que nos impongan”. ‘El escalofrío provocado por Bill’ Cuando un nuevo coronavirus vinculado a un mercado de animales vivos comenzó a extenderse a gran velocidad en Wuhan, China, Gates lo observó desde su oficina en las afueras de Seattle. El 14 de febrero, los líderes de su fundación y él, temiendo una amenaza global, se reunieron para planear una respuesta. Dos semanas después, Seth Berkley, director ejecutivo de Gavi, la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización, una organización sin fines de lucro que la filantropía de Gates ayudó a fundar, voló a Seattle. Él y Gates consideraron cómo llevar las vacunas de COVID-19 al mundo en desarrollo. El 13 de marzo, dos días después de que la OMS declaró una pandemia mundial, Gates habló en línea con doce ejecutivos farmacéuticos de primer nivel, incluidos los directores de Pfizer y Johnson & Johnson, que tienen grandes posibilidades de lanzar a la venta una vacuna. Gates se interesó en las inmunizaciones a fines de los años noventa. Las vacunas implicaban la creación de nueva tecnología, su especialidad. Su impacto era mensurable; las dosis baratas podían proteger a cientos de millones de personas contra enfermedades devastadoras. También se trataba de celebrar convenios. En aquel momento, muchas compañías farmacéuticas occidentales habían dejado de producir vacunas porque las consideraban poco rentables. Pero, a través de sus donaciones, Gates ayudó a crear un nuevo modelo de negocio que incluía subsidios, compromisos anticipados de mercado y garantías de volumen. Los incentivos atrajeron a más fabricantes, con lo que se logró obtener muchas más vacunas que salvan vidas. Con una promesa inicial de 100 millones de dólares, Gates ayudó a crear la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias a fin de invertir en medicamentos y vacunas experimentales. La fundación, que cuenta con unos 1600 empleados, también financió a investigadores académicos, instaló a sus ejecutivos en los consejos de múltiples organizaciones sin fines de lucro e invirtió directamente en farmacéuticas. Una de ellas fue la empresa alemana BioNTech, que obtuvo una inversión de capital de 55 millones de dólares en septiembre de 2019. La compañía, en asociación con Pfizer, anunció la semana pasada que su vacuna para COVID-19, desarrollada conjuntamente, parecía tener una eficacia del 95 por ciento y solicitó una autorización de emergencia a la Administración de Alimentos y Medicamentos. Algunos funcionarios de salud pública no estuvieron de acuerdo con las prioridades de Gates y argumentaron que debería haber dirigido más dinero a los sistemas sanitarios. A otros les preocupaba que un individuo privado ejerciera tanta influencia. Pero pocos criticaron su fundación de manera abierta, por temor a perder su apoyo. Esa autocensura era tan generalizada que se conocía como “el escalofrío provocado por Bill”. A veces, las fricciones con la OMS, la agencia de las Naciones Unidas encargada de la salud pública internacional, eran evidentes. Gates se sentía frustrado por lo que consideraba la rígida burocracia de la organización y las limitaciones para hacer tratos con el sector privado. Algunos funcionarios de la OMS estaban preocupados por el alcance cada vez mayor del filántropo. “La presencia de la Fundación Gates ha sido, en el mejor de los casos, un complemento de la OMS y, en el peor, una hostil toma del poder y una usurpación”, dijo Amir Attaran, profesor de Derecho y Medicina de la Universidad de Ottawa. En la actualidad, la fundación y la OMS hacen énfasis en el respeto mutuo que se profesan. El capitalismo en acción En marzo, Gates exhortó a las farmacéuticas para que actuaran con rapidez y cooperaran entre ellas abriendo sus bibliotecas de compuestos medicinales e incluso compartiendo las responsabilidades de producción. La Fundación Gates incluye a exejecutivos farmacéuticos en sus puestos de mayor nivel. En conjunto con la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias ayudó a dirigir fondos hacia las futuras vacunas para COVID-19 y biotecnologías que pudieran fabricarse con rapidez y fueran adecuadas para el mundo en desarrollo. Algunos activistas de la salud pública y proveedores de los países en desarrollo, como Médicos sin Fronteras, pensaban que Gates estaba haciendo muy poco para lograr un acceso equitativo a las vacunas, además de estar demasiado alineado con la industria farmacéutica. “Parte de lo que les gusta de él es que está protegiendo su modo de vida”, opinó James Love, director de Knowledge Ecology International, una organización no lucrativa que trabaja para ampliar el acceso a la tecnología médica, sobre Gates y los ejecutivos de la industria farmacéutica. Love, al igual que otras personas especializadas en el tema, creía que los fabricantes de vacunas no maximizarían la producción para el mundo en desarrollo, en especial cuando los países ricos clamaran por dosis, porque no resultaría benéfico para sus ganancias. India y Sudáfrica, con su petición a la Organización Mundial del Comercio para que no hiciera cumplir los derechos de propiedad intelectual relacionados con el coronavirus, buscaban la manera de quitarles el control de las vacunas a las grandes empresas y de aumentar la fabricación local. Sin embargo, Gates y muchos expertos en salud pública pensaron que la mayoría de las empresas estaban tomando medidas encomiables para ayudar a garantizar el acceso, como la fijación de precios sin fines de lucro y la concesión de licencias de su tecnología a otros fabricantes. Argumentaron que las farmacéuticas no asumirían el costoso proceso de crear nuevos productos si sus lucrativas patentes se vieran amenazadas y que su control sobre sus vacunas garantizaría la calidad y la seguridad. “Esta cuestión del capitalismo, de hecho funciona en algunos sectores”, declaró Gates. “Hasta donde sabemos, Corea del Norte no tiene tantas vacunas”, agregó. ‘Actuar como cabildero’ Era 4 de mayo y los Gates estaban en una videoconferencia con Boris Johnson. Felicitaron al primer ministro británico por el nacimiento de su hijo y le preguntaron sobre su padecimiento de COVID-19 que lo había enviado al hospital. Luego hicieron su presentación: el mundo nunca estaría a salvo del virus y la economía mundial nunca se recuperaría a menos que los países pobres también recibieran vacunas y tratamientos. Bill Gates tenía un largo historial de conseguir que los países ricos financiaran iniciativas de salud pública en países más pobres. Los políticos lo veían como un administrador de los dólares públicos con olfato para las buenas inversiones. A los gobernantes de los países ricos se les pidió que no solo ayudaran a financiar la iniciativa, que apoyaba el desarrollo de nueve posibles vacunas, sino que también compraran dosis para sus poblaciones. Las empresas les cobrarían a todos los países el mismo precio o establecerían precios diferenciados para las naciones de ingresos bajos, medios y altos; cualquiera podría retirarse si el precio superaba los 21 dólares por dosis. Los países pobres podrían obtener dosis baratas y subsidiadas para hasta el 20 por ciento de sus poblaciones para fines del año próximo, pero las naciones más ricas podrían adquirir un mayor porcentaje. Con la mayor parte de la atención enfocada en las naciones ricas, se consultó poco a aquellos a los que el esfuerzo pretendía ayudar más. No fue sino hasta el otoño que los países de ingresos más bajos se enteraron de que tendrían que pagar 1,60 o 2 dólares por dosis, un precio significativo que requeriría que algunos de ellos consiguieran préstamos bancarios o subsidios. “Sí se va a subsidiar, pero los países todavía tienen que presupuestar el monto de su copago”, explicó Chizoba Barbara Wonodi, directora de Nigeria en el Centro Internacional de Acceso a Vacunas de la Universidad Johns Hopkins. “Así que tienen que estar en la mesa cuando se hagan esas negociaciones”. Algunos países de ingresos medios también se han sentido presionados, se les ha pedido que paguen los precios de un nivel más alto, sin poder opinar sobre qué podrían obtener ni cuándo. Zevallos, el ministro de Salud Pública de Ecuador, dijo que había hablado con sus colegas ministros de la región sobre la posibilidad de plantear las preocupaciones a través de sus presidentes. “Ellos dicen: ‘No puedes elegir, pero pagas’”, dijo Zevallos. “Estoy decepcionado”. Berkley, el director de Gavi, reconoció la frustración. “¿Nos comunicamos con todos tan bien como deberíamos? Absolutamente no”, dijo. “Pero hicimos todo lo posible para intentarlo”. Al mismo tiempo, Berkley dijo: “¿Hemos reunido al mundo entero para discutir sobre el acceso equitativo a las vacunas? ¿Hemos recaudado importantes cantidades de fondos? Todo eso es cierto”. Con los casos de coronavirus multiplicándose en todo el mundo, Gates dijo que habría una manera sencilla de juzgar la iniciativa mundial de vacunas: “¿Cuándo detuvimos la pandemia? Eso será fundamental al momento de ponderar todo esto”. This article originally appeared in The New York Times. © 2020 The New York Times Company

  • The New York Times

    El gran poder del futbol conlleva una gran responsabilidad

    Con el celular en una mano y el pasaporte en la otra, Ruben Gabrielsen salió corriendo de su apartamento. El deber había llamado y él respondería. Incluso se había amarrado una capa improvisada alrededor del cuello para la ocasión. Sería el salvador de su país en su momento más crítico. Gabrielsen, un defensor de 28 años que juega en la segunda división de Francia, probablemente no habría elegido que estas fueran las circunstancias en las que hiciera su primera aparición internacional. Hace poco, tal vez ni siquiera habría podido imaginarlas. Gabrielsen fue uno de un grupo de futbolistas convocados por Noruega esta semana después de que la escuadra entera seleccionada como primera opción se vio obligada a entrar en cuarentena porque uno de sus miembros dio positivo por coronavirus. Un partido, contra Rumanía, ya había tenido que cancelarse y se le había otorgado la victoria al rival. Por lo tanto, las autoridades futbolísticas del país no deseaban sacrificar un segundo juego, en Austria. Y así surgió la escuadra sustituta, con Gabrielsen incluido, como la única alternativa. La mayoría de los futbolistas nunca habían jugado en representación de su país. Todos excepto uno juegan en el extranjero. Se pusieron sus capas, tomaron sus pasaportes y volaron a Austria para que se pudiera desarrollar el partido. El encuentro, como el episodio completo dejó en claro, siempre debe realizarse. Los bares y los restaurantes en toda Europa están cerrados. Las oficinas permanecen vacías. Las calles de las ciudades están desiertas. Gran parte del continente está en confinamiento de nuevo, de una forma u otra, debido a que la segunda ola de la pandemia está enseñando los dientes. Aun así, el futbol sigue adelante, optimista y decidido, sombríamente impávido pese a no esconder que sí se ha visto afectado. Ha sido impresionante, de alguna manera, la agilidad con que el futbol de élite ha hecho la transición a su nueva realidad, como una especie no nativa que prospera en un territorio hostil. En la primavera, una sola prueba positiva (la de Mikel Arteta, el entrenador del Arsenal) abrió los ojos de la Liga Premier al hecho de que no era, como previamente había creído, inmune al coronavirus. Ahora, cuando dieciséis jugadores de la Liga Premier dieron positivo después de la pausa para los juegos internacionales, nadie pestañeó. De manera ocasional, se posponen juegos (el Olympique de Marsella tiene tres partidos pendientes, como resultado de brotes ya sea en sus filas o en las de un rival), pero, en general, el futbol sigue adelante, se juega a pesar de todo. El Shakhtar Donetsk llevó a un equipo compuesto por adolescentes a enfrentar al Real Madrid en la Liga de Campeones y ganó. El juego siempre debe continuar. Esa perseverancia a veces se adentra en el territorio de lo absurdo, pero el futbol tiene una extraordinaria capacidad para también tolerar eso. Como se mencionó la semana pasada, Dinamarca jugó contra Suecia aunque los entrenadores de ambos equipos estaban en aislamiento autoimpuesto y ambas escuadras habían sido privadas de una gran cantidad de jugadores. Inglaterra consideró jugar contra Islandia en Albania. Noruega armó un equipo de último minuto. En efecto, el caso de Noruega fue una anomalía: un ejemplo poco común de la realidad que se entromete. Noruega necesitaba tomar medidas de emergencia porque el gobierno nacional insistió en que no podía hacer una excepción a sus estrictas reglas de cuarentena ni siquiera para su propia selección nacional. Eso es inusual: el futbol, por lo regular, goza de excepciones. Los futbolistas cruzan fronteras sin necesidad de autoaislarse a su llegada. Se modifican las reglas y se hacen concesiones para que el juego (ese grandioso fenómeno cultural que absorbe tanto de nuestro tiempo a tantos de nosotros) pueda continuar. En casi cualquier otro ámbito de la vida, el problema ahora es que hay escasez: escasez de cultura, de negocios, de tránsito peatonal, de contacto social, de esperanza. Solo en el futbol a los entrenadores, jugadores, ejecutivos e hinchas les preocupa que quizás haya demasiado. Por instantes, hay una sensación de cierto descaro y torpeza. Es fácil ver por qué para algunos el juego ha perdido su encanto. Es aún más fácil ver por qué aquellos que nunca tuvieron mucho tiempo para él se sienten reivindicados por la insensibilidad y osadía del futbol durante la pandemia. Hay momentos en estadios vacíos y controversias huecas en que parece que se le ha caído la máscara y sus mecanismos internos han quedado al descubierto: una máquina trituradora que acapara y arrebata efectivo, un complejo industrial deportivo atrapado en una espiral de “autoadicción abusiva”, como lo expresó el escritor Jonathan Liew. No obstante, pese a todas las razones por las que el futbol determinó que tenía que continuar debido a un sentido inflado de su propia importancia y al entendimiento inmediato de su propio modelo de negocio, su decisión ha sido tolerada solo por otro motivo. La aceptamos, con todo lo absurda que es y su desfachatez, porque nada de eso nubla por completo su valor. Como el propietario del Marsella, Frank McCourt, lo explicó cuando conversamos hace unas semanas, un club es “una especie de símbolo social”. Lo que más le ha impactado desde que asumió el mando del equipo más popular de Francia hace cuatro años es cómo es en el OM (es cuidadoso al referirse al club como lo hacen sus fanáticos) que “la ciudad de Marsella entera se une y funciona”. “Alguien me dijo hace algún tiempo, y se me quedó grabado, que no todas las personas en la ciudad de Marsella aman el futbol, aunque por supuesto muchas de ellas lo hacen”, dijo. “Pero todas las personas aman al OM”. Esto es lo que da a cada equipo (y, por extensión, al juego del que cada uno es una pequeña pero importante parte constitutiva) su poder. Ese afecto le permite al futbol ser una excepción, incluso en las épocas más difíciles. Esa garantía de que, sin importar cuánto ponga a prueba nuestra paciencia con su egoísmo, autoadulación y avaricia este deporte, siempre regresamos a él. Sin embargo, no solo es una fuente de poder; es una fuente de responsabilidad, y una que debería sentirse con mayor intensidad ahora más que nunca. “Es en momentos de crisis que los deportes, y el futbol en particular, se hacen presentes”, dijo McCourt. “Es cuando ves la gran importancia de todo”. Los últimos meses también han producido muchos ejemplos de eso, desde el activismo de Marcus Rashford, del Manchester United, para ayudar a alimentar a los vulnerables hasta la exhortación de Jürgen Klopp a los residentes de Liverpool de participar en un programa de pruebas masivo. Incontables jugadores han realizado donaciones o usado sus plataformas para promover la labor de otros. En 2017, McCourt estableció una fundación educativa, para usar al OM como una manera de ayudar a la ciudad; la pandemia, así como sus consecuencias económicas, lo convencieron de que no debe ser algo adicional, sino central en el trabajo del club. “En tiempos de crisis, lo que devolvemos a nuestra comunidad es crucial”, dijo. “Tenemos que demostrar quiénes somos, en qué creemos. En una época en que algunas de las instituciones cívicas en las que solíamos confiar no tienen la fuerza que tenían antes, los deportes todavía son una forma de trabajar juntos. No es algo que pueda remplazar a la emoción de ganar, pero da energía. Entre más ganas, mayor impacto puedes tener”. Ha habido muchos momentos estos últimos meses en los que el futbol ha sido difícil de amar, en que ha puesto a prueba nuestra paciencia hasta el límite con sus peleas mezquinas y su testarudo ensimismamiento. Permitimos que el juego continúe porque cada uno de sus equipos, sus diminutos imperios, son importantes para muchos de nosotros. Estamos ahí para el futbol cuando nos necesita, pero esperamos que devuelva el favor. Esperamos que el futbol también esté ahí para nosotros cuando lo necesitamos. Löw en un punto bajo... muy bajo... el más bajo En realidad es un poco extraño que Joachim Löw todavía estuviera a cargo de la selección nacional alemana antes de la humillación 6-0 que le propinó España esta semana. Las principales naciones futbolísticas del mundo no son exactamente ejemplos de paciencia, así que el puesto de entrenador de una selección nacional pocas veces es un trabajo de larga duración. Fue entendible que sobreviviera en 2016: Alemania había ganado la Copa del Mundo dos años antes y perder ante Francia en las semifinales del campeonato europeo difícilmente era una humillación. Lo que sí fue admirable fue que Löw fuera perdonado con sorprendente facilidad por lo sucedido en 2018, cuando su equipo, los campeones mundiales en ese entonces, fueron eliminados de la Copa del Mundo en Rusia en la fase de grupos. Desde entonces, la suerte de Alemania ha sido (en el mejor de los casos) variable. Terminó en el último lugar de su grupo inaugural de la Liga de Naciones al no ganar un juego contra Francia y otro contra los Países Bajos. Calificó con facilidad para los retrasados campeonatos europeos, como califica con facilidad a prácticamente cada torneo importante. Aun así, ahora debe prepararse para el siguiente verano con su más dolorosa derrota en noventa años a cuestas, la evidencia de su declive al descubierto en Sevilla. Es fácil y no del todo erróneo afirmar que los jefes de Löw han estado demasiado conformes y han tardado demasiado en leer las señales de advertencia y creer que una decepción en la Euro 2020 (más bien 2021) será un castigo por su parálisis institucional. No obstante, también es testimonio de un problema muy específico que enfrentan las principales naciones. Para esos países, como Alemania, que califican con facilidad a los torneos, calificar es casi demasiado sencillo. Esto dificulta medir con precisión en qué punto se encuentra el equipo en relación con sus rivales al título. Valorar demasiado el marcador contra Estonia y Andorra puede enmascarar una multitud de pecados. Entonces, tal vez obra a favor de Alemania que España haya expuesto sus fallas de una manera tan brutal. Pero Alemania no puede engañarse sobre su posición respecto a los posibles triunfadores. La pregunta es qué planea hacer al respecto Löw, o qué planean sus jefes. La frontera final Pep Guardiola ya ha conquistado España, Alemania e Inglaterra. Ha transformado la manera en que los tres países juegan al futbol. Ha ampliado nuestros horizontes sobre lo que es posible. Ha recalibrado la manera en que pensamos que ciertas posiciones funcionan. Ha redefinido el concepto mismo de la belleza en este deporte, y no es exageración decirlo. Lo que no ha hecho en ningún momento de su carrera es reconstruir: hacer pedazos un equipo exitoso y poner otro aún más exitoso en su lugar. En Inglaterra, esto ciertamente es considerado el máximo desafío para cualquier entrenador, algo que solo ha conseguido un puñado de los grandes (Alex Ferguson, Arsène Wenger, Matt Busby, Bill Shankly). Ahora que ha firmado una extensión de dos años a su contrato con el Manchester City, Guardiola debe agregar su nombre a esa lista. Este ya es el puesto en el que ha estado más tiempo en su carrera; si llega al término de este nuevo acuerdo, habrá pasado más del doble de tiempo en el Manchester del que estuvo en el Bayern Munich. Antes, Guardiola siempre había insistido en que después de tres o cuatro años el mensaje de un entrenador se vuelve repetitivo y comienza a perder su poder. En el Barcelona y el Munich, se fue tan pronto como sintió que era el momento adecuado. En el City, si se queda, eso significaría que algunos de los jugadores tendrán que irse. Ese proceso ya ha iniciado, pero será un gran reto (con Rúben Dias y Ferran Torres, el City tiene ya el perfil de su siguiente equipo). Guardiola ya ha dicho adiós a David Silva y Vincent Kompany, dos de las piedras angulares del ascenso del City. Fernandinho y Sergio Agüero probablemente serán los siguientes. La dificultad no es solo que Guardiola deba demostrar que puede refrescar a un equipo en movimiento, sino que debe hacerlo sin futbolistas que han contribuido en gran medida a la identidad misma del club. De alguna manera, esta podría ser su más grande prueba. This article originally appeared in The New York Times. © 2020 The New York Times Company

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    Cómo los votantes hispanos hicieron que Miami diera un giro a la derecha

    MIAMI — Como alcalde del confiablemente demócrata condado de Miami-Dade en Florida, Carlos Giménez, republicano, fue un pragmático que evitó la política partidista y votó por Hillary Clinton en 2016. Pero tras la elección del presidente Donald Trump, las cosas empezaron a cambiar. Seis días después de la investidura presidencial en 2017, Giménez se convirtió en el primer líder de una ciudad grande del país en revertir el estatus de facto del condado de ser un “santuario” para los inmigrantes que viven en el país sin permiso legal. Sus críticos afirmaron que se había doblegado ante Trump y le había dado la espalda al condado con el segundo mayor número de inmigrantes en el país, después de Los Ángeles. Este año, Giménez recibió el respaldo de Trump, habló en uno de sus mítines y fue elegido al Congreso. Su notable evolución política reflejó un cambio más amplio en Miami-Dade, donde el 58 por ciento del electorado es hispano y Trump hizo grandes avances del 2016 al 2020. Cientos de miles de personas más votaron por él este año y, aunque aun así perdió contra Joe Biden en el condado, mejoró su margen de 2016 por 22 puntos porcentuales, un cambio que le ayudó a ganar Florida con facilidad y que puso a una gran cantidad de republicanos locales en cargos públicos. Mucho se ha dicho acerca de cómo los latinos en muchas partes del país, pese a que se decantaron por Biden en grandes cantidades, votaron más por el Partido Republicano que en 2016. Sin embargo, el sur de Florida es un caso de estudio único. Ningún otro lugar tiene la misma mezcla de hispanos simpatizantes de los republicanos liderados por cubanoestadounidenses conservadores. Además, la presidencia de Trump ha fortalecido su influencia, lo que ha obligado a Miami a enfrentar verdades duras y contradictorias sobre la inmigración, el racismo y el poder. “Miami es una burbuja absoluta”, afirmó Michael Bustamante, profesor asistente de historia latinoamericana en la Universidad Internacional de Florida que estudia la cultura política cubanoestadounidense. “No se puede hablar de la comunidad latina o hispana aquí de la misma manera en la que quizá se hable en el este de Los Ángeles, Chicago, Nueva York o donde sea porque aquí los latinos son los que mandan”. La asombrosa mejora de Trump aquí conmocionó no solo a la nación sino también a gran parte de Miami, una ciudad a la que le gusta considerarse la capital progresista de América Latina. Es más probable que un mesero, un empleado de una tienda o un conductor de Uber le hablen a un cliente primero en español que en inglés. Todas las instituciones locales han sido moldeadas por inmigrantes y sus hijos, los cuales tienden a ser cada vez más liberales con cada nueva generación. Y, pese a ello, muchos residentes han llegado a la dura conclusión de que Miami, incluso en la actualidad, no es tan progresista como esperaban. “Solíamos ser más compasivos”, dijo Carmen Peláez, dramaturga y cineasta cubanoestadounidense que hizo campaña por Biden. En ningún otro lugar del país los hispanos controlan la maquinaria del poder como en Miami, y los votantes no se comportan cómo lo harían en otros lugares donde su grupo étnico está mucho más marginado, mencionó Bustamante. Los problemas tradicionales “latinos”, como la inmigración, la lucha contra el racismo y la política de la identidad, por lo general quedan en segundo plano ante las preocupaciones por la economía, la religión y la política exterior. Cerca del 72 por ciento de los republicanos inscritos en Miami-Dade son hispanos, muchos de ellos cubanoestadounidenses. Sin embargo, el voto hispano en la región en general es una combinación de exiliados cubanos ancianos, nuevos inmigrantes cubanos y varias oleadas de inmigrantes de habla hispana del Caribe, América Central y del Sur. Los hispanos no cubanos representan cerca de la mitad del voto latino en Miami-Dade y suelen preferir los demócratas. La campaña de Trump tuvo éxito en el sur de Florida por comprender muchas de esas complejidades, así como por otras razones: Trump visitó el lugar con frecuencia. Los republicanos etiquetaron de forma efectiva a los demócratas como “socialistas”. Una amplia campaña de desinformación se centró en los electores de habla hispana. Biden no se acercó a los votantes latinos sino hasta que fue demasiado tarde. A los demócratas no los ayudó el hecho de que durante las protestas de Black Lives Matter del verano algunos manifestantes en Miami ondearan banderas con la imagen del Che Guevara —un violento revolucionario despreciado por los exiliados cubanos— y vandalizaran una estatua de Cristóbal Colón con un grafiti de una hoz y un martillo al estilo soviético. “La realidad es que el Partido Demócrata está muy a la izquierda, y mucha de nuestra gente en Miami huyó de ese tipo de política”, comentó Nelson Díaz, presidente del Partido Republicano en Miami-Dade En los últimos años, los exiliados cubanos y el Partido Republicano han acogido como hermanos ideológicos a los venezolanos que han estado llegando tras huir de las presidencias de izquierda de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Eso reavivó un fervor activista conservador que se extendió a las comunidades de inmigrantes colombianos y nicaragüenses. Incluso algunos de los inmigrantes cubanos más recientes que habían sido despreciados por muchos funcionarios cubanoestadounidenses republicanos de la vieja guardia por ser refugiados económicos que no compartían la ideología anticomunista de los exiliados mayores votaron por Trump. Eso ha resultado ser una fuente de angustia para algunos hispanos como Peláez, que recordó cómo sus abuelos cubanos exiliados ayudaron a los inmigrantes nicaragüenses y a las posteriores oleadas de refugiados cubanos. Ahora teme que la actitud entre algunos cubanos y no cubanos sea cerrar la puerta tras ellos. “Cuando Giménez nos quitó el estatus de ciudad santuario”, dijo Peláez, “esto se convirtió prácticamente en un ‘nosotros contra ellos’”. A Giménez le molestó esa idea, y afirmó que el condado nunca tuvo la intención de declararse “santuario” y que la única razón por la que había dejado de cumplir con las solicitudes federales de detención de inmigrantes había sido ahorrar dinero. “Fue una mala política”, dijo. “Nunca debimos haberla instaurado. Debimos haber cooperado con ICE”. En una entrevista mientras estaba en campaña el mes pasado, Giménez dijo que respaldar al presidente no significaba que siempre votaría por el Partido Republicano. Aclaró que su política, como la de muchos votantes en Miami estos días, se basa en la filosofía, no en la identidad. “Creo que la mayoría de sus políticas son buenas para el país”, dijo sobre Trump. “Teníamos la mejor economía de nuestras vidas antes de la pandemia. Estaba en su punto más alto. Teníamos niveles récord de bajo desempleo. Y apoyo sus políticas comerciales. Creo que se han aprovechado de nosotros, sobre todo China”. En las elecciones al Congreso de este mes, Giménez derrotó a la representante Debbie Mucarsel-Powell, una demócrata que emigró de Ecuador y que fue capturada en video hace varios meses maravillada por el hecho de que demócratas no cubanos hubieran ganado escaños en Miami. “Nadie pensó que seríamos capaces de ganarle a la élite política republicana cubana que se ha apoderado de la política de Florida durante más de 20 años”, les dijo a sus partidarios. Ese comentario molestó a algunos republicanos cubanos y resultó ser un gran error de cálculo del poder que aún ejercen esos votantes. Mucarsel-Powell perdió ante Giménez por más de 3 puntos porcentuales. Sin embargo, a la hora de elegir un nuevo alcalde, los votantes de Miami-Dade dieron otra sorpresa más, una que se alinea a las abundantes contradicciones políticas de esta compleja ciudad: eligieron a Daniella Levine Cava, la primera alcaldesa en la historia del condado. Levine Cava es una demócrata progresista que no es ni cubana ni hispana. This article originally appeared in The New York Times. © 2020 The New York Times Company

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    Sobrevivió al Holocausto y anima a sus vecinos en tiempos pandémicos

    De niño, Simon Gronowski escapó de los nazis. Más tarde escribió y compartió ampliamente su experiencia. Este año acercó su piano a la ventana de su apartamento para alegrar a los demás. BRUSELAS — Simon Gronowski había llevado a cabo muchos actos de valentía y generosidad en sus 89 años de vida. Abrir una ventana este abril no tenía por qué ser uno de ellos. Pero este no era un abril cualquiera. Era el apogeo de la primera ola de la pandemia de coronavirus, que golpeó a Bélgica tan fuerte como a cualquier otro lugar del mundo. Pero como sobreviviente del Holocausto, Gronowski ya había enfrentado antes a la muerte de forma más personal. El diminuto abogado reunió su coraje, movió su piano eléctrico bajo el alféizar de una ventana, la abrió y dejó entrar el sol primaveral junto con la espesa y cautelosa tranquilidad de una ciudad aterrorizada por el virus. Y empezó a tocar una melodía de jazz. “Tenía miedo”, dijo. “No es normal eso de abrir la ventana y tocar”. Pero pronto, sus vecinos asomaron sus cabezas por las ventanas, algunos incluso se pusieron mascarillas y caminaron hacia su casa para escuchar mejor. Uno tomó una foto en blanco y negro de él mientras tocaba, la imprimió y la puso en su buzón más tarde. Decía, simplemente, Merci. Empezó a tocar regularmente, y llenó las frondosas calles con notas de jazz y llevó alivio a sus vecinos sitiados durante el confinamiento que duró hasta finales de mayo. Amy Edwards Anderson, una profesora de inglés de Estados Unidos que ha vivido en Bruselas durante 22 años, escuchó tocar por primera vez a Gronowski cuando estaba sentada en su patio trasero con su marido y sus tres hijos. Se sorprendió, dijo, porque rápidamente quedó claro que no era alguien que estuviera practicando. Era alguien que tocaba para la cuadra. Los pequeños conciertos de ventana irrumpieron en el encierro de su familia y los animaron. “Aquí había alguien que amplificaba la música para compartir con sus vecinos, sin otra razón que la de hacer que la gente se sintiera bien durante un momento difícil”, dijo. “Una especie de regalo no solicitado para el barrio”. Gronowski quería que sus conciertos improvisados hicieran felices a las personas, pero tocar para otros también ha tenido un valor intrínseco para él toda su vida. “La música es un medio de comunicación, de conexión”, dijo una tarde reciente en su oficina en casa, rodeado de pilas de documentos. Gronowski se enseñó a sí mismo a tocar el piano cuando era adolescente porque también buscaba comunicarse, conectarse, ante todo, con su hermana mayor, Ita, que había fallecido en Auschwitz en 1943, a la edad de 19 años. “La adoraba”, dijo. “Era una pianista brillante”. El primer acto de valentía de Gronowski tuvo lugar hace muchos abriles, cuando una calamidad de un tipo totalmente distinto se apoderaba de Europa. El 19 de abril de 1943, cuando tenía 11 años, Gronowski saltó de un tren a toda velocidad. Él y su madre estaban apiñados con otras decenas de personas en un vagón para ganado en la ruta mortal que iba desde Malinas, una ciudad donde los judíos belgas fueron acorralados, hasta Auschwitz. De todos los trenes de la perdición, el de Gronowski se grabó especialmente en la historia del Holocausto. Conocido como el “Convoy 20”, fue interrumpido por tres combatientes de la resistencia poco después de salir de Malinas. En la conmoción, decenas de personas tuvieron la oportunidad de escapar a las tierras de cultivo de Flandes. Poco después de que el tren comenzó a acelerar de nuevo, la madre de Gronowski, tal vez envalentonada por el incidente y el rayo de esperanza, le instó a saltar. “Salté porque escuché las órdenes de mi madre”, dijo Gronowski. Saltó por su vida. Su madre no le siguió. “Si hubiera sabido que ella no iba a saltar, me habría quedado en el tren”, dijo, apoyando la mejilla en la palma de la mano, como si su cabeza fuera de repente demasiado pesada. Durante los siguientes 17 meses el chico estuvo escondido en los áticos de algunas familias católicas. Después de que Bruselas fue liberada en septiembre de 1944, se reunió con su padre enfermo, que había entrado y salido del hospital durante años, y finalmente sucumbió —a un corazón roto, cree Gronowski— y al año siguiente dejó huérfano al niño. Gronowski se basó en los recuerdos de un confinamiento prolongado, el miedo y la tristeza desesperada de la década de 1940, para escribir una columna de periódico en la que animó a sus compatriotas belgas a finales de marzo, cuando luchaban por acostumbrarse al encierro. “Actualmente reducido a la ociosidad forzada —propicia a la reflexión—, mi pensamiento vaga y regresa a los confinamientos que sufrí hace 75 años, de 1942 a 1944, cuando tenía 10-12 años de edad”, escribió. “Hoy en día, podemos quedarnos con nuestra familia o ser ayudados por ella, mantenernos en contacto, podemos hacer nuestras compras, abastecernos de provisiones, leer los periódicos, ver la televisión, pero en ese entonces vivíamos aterrorizados, nos faltaba todo, teníamos frío, hambre y nuestras familias estaban separadas, desplazadas”, añadió. La valentía que exhibe hoy ya ardía en el interior del niño que lo había perdido todo al final de la Segunda Guerra Mundial. Después de pasar tres años en un hogar de acogida, volvió por su cuenta a la casa familiar, vacía, y buscó alquilarla para recaudar fondos para su vida y su educación. Al cumplir 23 años, Gronowski tenía un doctorado en leyes. Se convirtió en abogado, se casó con Marie-Claire Huybrechs, tuvo dos hijas, Katia e Isabelle. Y durante seis décadas dijo poco sobre sus padres fallecidos, su querida hermana Ita, o ese día que saltó de un tren en movimiento en su camino a Auschwitz. “No era un secreto, pero no hablaba de ello”, dijo, y su humor optimista oscureció momentáneamente. “¿Por qué? Porque me sentía culpable. ¿Por qué ellos están muertos y yo estoy vivo?”. Todo eso cambió en 2002, cuando, presionado por amigos que conocían su historia, decidió abrazar su pasado. “Necesitaba dar testimonio y escribir mi historia, así que escribí mi primer libro”, otro acto de valentía, uno que le dio a Gronowski una inesperada nueva vida de apariciones de los medios y un mayor perfil para defender causas progresistas. Después de que L’Enfant du XXe Convoi fue publicado y la historia de Gronowski se dio a conocer más ampliamente en Bélgica y fuera de ella, empezó a dar conferencias, especialmente en las escuelas. “Fue muy doloroso revolver todos esos recuerdos de nuevo”, dijo. “Pero ahora siento que aporto algo positivo a los jóvenes, y eso me hace feliz, me libera”. Su nueva fama le llevó a otro acto de valentía y generosidad. Un estudiante que lo escuchó hablar en una escuela belga en 2012 lo llamó poco después con una propuesta sorprendente. Un belga llamado Koenraad Tinel, un artista de edad similar a Gronowski, había escrito sobre la culpa de haber nacido en una familia nazi. Su hermano había sido guardia en el campo de Malinas donde Gronowski y su madre habían sido retenidos antes de ser colocados en el Convoy 20. ¿Gronowski querría reunirse con él? Los hombres, ambos de más de 80 años en ese momento, se encontraron en las humildes oficinas del Sindicato Belga de Judíos Progresistas. “Así nació nuestra amistad”, dijo Gronowski. “Y ahora Koenraad es más que un amigo, es un hermano”. Escribieron un libro, Finalmente, liberado, y dieron conferencias juntos. Cuando el hermano mayor de Tinel, Walter, el guardia del campamento, estaba en su lecho de muerte, pidió conocer a Gronowski y pedirle perdón. “Lo tomé en mis brazos y lo perdoné”, dijo. “Este perdón fue un alivio para él, pero fue un alivio mucho mayor para mí”. Ahora que Bélgica lucha contra una segunda ola de coronavirus con otro confinamiento, Gronowski toca su piano, esta vez con las ventanas cerradas. (“Hace demasiado frío ahora”) y planea futuras aventuras. “Quiero tocar con esta banda de Nueva Orleans”, dijo rebosante de entusiasmo juvenil. “Se llaman Tuba Skinny, ¡son buenísimos!”. La mayoría de sus conferencias escolares se han suspendido debido a la pandemia, pero se reanudarán muy pronto, dice, y eso es lo que espera con más entusiasmo. “Cuando cuento mi historia en las escuelas, siempre termino con un mensaje de esperanza, siempre les digo una cosa importante: les digo que la vida es hermosa”, dijo. “Pero también es una lucha diaria”. Monika Pronczuk colaboró con la reportería. Matina Stevis-Gridneff es la corresponsal en Bruselas de The New York Times y cubre la Unión Europea. Se unió al Times después de cubrir África Oriental para The Wall Street Journal durante cinco años. @MatinaStevis This article originally appeared in The New York Times. © 2020 The New York Times Company

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    ¿A qué olía Europa? Los historiadores se proponen recrear los olores perdidos

    Un proyecto recién anunciado y financiado por la Unión Europea catalogará y recreará los olores del continente desde el siglo XVI hasta principios del siglo XX. LONDRES — Durante cientos de años, a través de plagas y otras pandemias, la gente solía creer que la enfermedad se propagaba no a través de gotículas o picaduras de pulgas, sino a través de la inhalación de olores desagradables. Para purificar el aire a su alrededor, quemaban romero y brea caliente. Estos olores, que se esparcían por las sinuosas calles de Londres, eran tan comunes durante la Gran Peste del siglo XVII que, según los historiadores, se convirtieron en sinónimo de la propia plaga. Ahora, que el mundo se enfrenta a otro brote generalizado, un equipo de historiadores y científicos de seis países europeos está tratando de identificar y categorizar los olores más comunes de la vida cotidiana en toda Europa desde el siglo XVI hasta principios del siglo XX, y de estudiar lo que los cambios en los olores a lo largo del tiempo revelan sobre la sociedad. El proyecto “Odeuropa”, de 3,3 millones de dólares, que se anunció esta semana, utilizará la inteligencia artificial para cribar más de 250.000 imágenes y miles de textos, incluidos libros de texto de medicina, novelas y revistas en siete idiomas. Los investigadores utilizarán el aprendizaje por máquina y la inteligencia artificial para entrenar a las computadoras para analizar en los textos las referencias sobre los olores, como el incienso y el tabaco. Una vez catalogados, los investigadores, trabajarán con químicos y perfumistas para recrear aproximadamente 120 aromas con la esperanza de que los curadores de los museos incorporen algunos de los olores en las exposiciones, para que las visitas sean más inmersivas o memorables para los visitantes. El proyecto de tres años de duración, que está financiado por la Unión Europea, incluirá también una guía sobre la forma en que los museos pueden utilizar los olores en las exposiciones. Según los historiadores, el uso de olores también podría hacer que los museos sean más accesibles para las personas ciegas o con visión limitada. “A menudo los museos no están seguros de cómo utilizar el olfato en sus espacios”, dijo William Tullett, profesor adjunto de historia europea moderna temprana en la Universidad Anglia Ruskin de Cambridge, Inglaterra. Los planes para el proyecto, que se inicia en enero, comenzaron antes de la pandemia, pero los investigadores dijeron que el coronavirus, que ha cambiado los olores de las ciudades y puede llevar a la pérdida del olfato de algunas personas infectadas, ha ilustrado la forma en que los olores y las sociedades se reflejan entre sí. Durante las pandemias pasadas, la teoría del miasma, que sostenía que los malos humores eran marcadores de la transferencia de la enfermedad, fue fundamental para la forma en que la gente veía la propagación de la infección. Ahora, una vez más, la gente está especialmente en sintonía con los olores que les rodean y a veces se preocupan de que si pueden oler a alguien que está cerca, entonces esa persona está en su ambiente de aerosol y por lo tanto demasiado próximo, dijo Inger Leemans, profesora de historia cultural en la Universidad Vrije de Amsterdam. “Una vez más, el olor se convierte en un indicador de posibles enfermedades e infecciones”. Y las medidas de confinamiento han cambiado los olores de la ciudad, con menos carros en la vía y menos olores que llegan a las calles desde los restaurantes. Los cambios, dijeron los investigadores, resaltan cómo el estudio de los olores en las comunidades a lo largo del tiempo da pistas sobre las actitudes históricas hacia la enfermedad y otros aspectos culturales de la vida cotidiana. El sentido ha sido en gran parte pasado por alto en el mundo académico, pero ha recibido más atención en la última década. “Con el olfato, se pueden originar preguntas sobre la cultura nacional, la cultura global, las diferencias entre comunidades, sin entrar inmediatamente en peleas”, dijo Leemans, y añadió que la incorporación de olores en las exposiciones de los museos o en las aulas lleva a la gente a estar dispuesta a participar en discusiones de una forma que no siempre lo hacen cuando se discuten otros temas de identidad nacional. “Es un tema tan abierto y tiene un gran aspecto exploratorio y comunicativo”. Leemans dijo que los investigadores no solo están interesados en estudiar los aromas agradables de los siglos pasados, sino también los malos olores, como el estiércol o los hedores de la industrialización y los problemas de aguas residuales que plagaron algunas ciudades europeas. Estos también se pueden dispensar en los museos para ayudar a la gente a conectarse con el pasado, siempre y cuando no ahuyenten a los visitantes. “Lo que queremos hacer es pensar, junto con artistas olfativos, en cómo se puede llevar esa historia a la nariz; cómo hacer que la gente se dé cuenta de lo que hicimos con la industrialización en Europa”, dijo Leemans. “Ese es el desafío”. Jenny Gross es una periodista de temas generales. Antes de unirse al Times, cubrió política británica para The Wall Street Journal. @jggross This article originally appeared in The New York Times. © 2020 The New York Times Company

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    Indocumentadas y embarazadas: por qué las mujeres tienen miedo de buscar atención prenatal

    EDINBURG, Texas -- La primera vez que Britani supo que habia algo malo con su embarazo fue una noche de julio de 2019, cuando comenzo a sangrar y se fue de prisa a una sala de urgencias.El doctor en turno le comento que tenia una infeccion que podria provocarle un aborto. Britani accedio a buscar un obstetra para tratar el problema, a sabiendas de que no iba a cumplir su palabra.Como inmigrante sin permiso legal para vivir en el pais, Britani, ahora de 20 años, no tenia seguro de salud ni dinero para pagar su tratamiento en efectivo. Su unica opcion era solicitar beneficios publicos, pero se habia enterado por sus amigos de que al hacerlo se volveria un blanco de deportacion o pondria en riesgo su solicitud pendiente para la green card. Por lo tanto, no hizo nada, con la esperanza de que se le pasara la infeccion por si sola.Unas semanas mas tarde, Britani desperto a su esposo abruptamente en medio de la noche y le dijo que trajera a su madre, quien estaba en la habitacion de al lado. Regresaron y encontraron a Britani doblada del dolor, con el rostro empapado en lagrimas."Hay mucha sangre", advirtio Britani.Cuando el presidente Donald Trump desato sus medidas energicas en contra de la inmigracion, las personas sin un estatus legal hicieron todo lo posible para borrar las huellas de su existencia a fin de no ser expulsadas. Se ocultaron en casa para eludir una serie agresiva de nuevos arrestos en las calles. Y miles abandonaron los programas de proteccion social a fin de evitar una politica que representa una amenaza menos visible. Con base en una expansion de los limites a las "cargas publicas", el gobierno señalo que iba a detener la legalizacion de los inmigrantes que vivieran en el pais con permiso legal y hubieran usado algunos beneficios publicos.Aunque los inmigrantes que viven en el pais sin permiso legal no son elegibles para la mayoria de los programas de proteccion social y han demostrado que usan los que estan disponibles en tasas mas bajas que los ciudadanos estadounidenses, el gobierno de Trump declaro que la expansion era necesaria para desalentar de mudarse a Estados Unidos a la gente que no pudiera mantenerse economicamente. "Bienvenidos sean los cansados y los pobres que pueden valerse por si mismos y que no sean una carga publica", menciono en ese momento Kenneth Cuccinelli, el director interino del Servicio de Ciudadania e Inmigracion de Estados Unidos.La politica tenia excepciones para algunos grupos vulnerables, entre ellos las embarazadas. Sin embargo, segun doctores y funcionarios del sector de la salud publica, a pesar de todo, muchas mujeres que viven en el pais sin permiso legal estan convencidas de que se reduciran sus opciones de legalizacion, ademas, les preocupa que los agentes de inmigracion, que a menudo se ven en los hospitales a lo largo de la frontera, puedan considerarlas un blanco de deportacion.El resultado es un clima de temor en escalada que esta teniendo consecuencias desastrosas para la salud de las mujeres embarazadas y sus bebes, aseguraron estas personas.Unos dias despues de que se dio a conocer la politica de las cargas publicas, a lo cual le siguio una cobertura constante de los medios noticiosos de habla hispana y varias advertencias funestas en redes sociales, las tasas de inasistencia a las citas de atencion prenatal en las clinicas aumentaron de manera dramatica. Segun las parteras, hubo un incremento significativo de las solicitudes para tener un parto en casa de las mujeres que estan en el pais sin permiso legal, pues querian evitar una visita al hospital. Los doctores mencionaron que habian presenciado un pico en la cantidad de mujeres que llegaron a las salas de urgencias con complicaciones graves o en trabajo de parto, y sin una sola cita de atencion prenatal.El problema ha sido especialmente marcado en Texas, el lugar con la segunda poblacion mas grande de inmigrantes en Estados Unidos que no tienen permiso legal para estar en el pais."¿Nos desbarrancaremos pronto en el tema de la salud de las mujeres inmigrantes?", cuestiono Tony Ogburn, obstetra de DHR Health, un hospital concurrido de Edinburg, Texas, una ciudad cerca de la frontera mexicana, donde nacen entre 8000 y 9000 bebes al año. "Creo que ya estamos en esa situacion".Incluso antes de que Trump asumiera el cargo, una investigacion sobre los casos pasados habia demostrado que las mujeres que no tenian permiso legal en el pais eran mas propensas a evitar la atencion prenatal y a experimentar complicaciones durante el parto. Ademas, aunque las inmigrantes recien llegadas de Latinoamerica a menudo son mas sanas que las mujeres nacidas en Estados Unidos, los bebes de las mujeres que viven en el pais sin un permiso legal son mas propensos que los demas a nacer con un peso menor al normal y a ser prematuros --la causa mas comun de mortalidad infantil--, en particular despues de las redadas dirigidas a los inmigrantes.Las disparidades estuvieron relacionadas con el estres de vivir en los margenes de la sociedad, asi como con el hecho de que los inmigrantes que estan en el pais sin permiso legal son elegibles a menos beneficios publicos que los ciudadanos estadounidenses, y a menudo son recelosos de usar la ayuda gubernamental porque les preocupan las repercusiones que pudieran enfrentar.Ogburn señalo que muchos de sus clientes en Texas no se hacian ultrasonidos caros --cruciales para identificar problemas potenciales-- porque pagaban en efectivo y no podian costear ese tipo de procedimientos.El presidente electo Joe Biden ha indicado que empezara a dar marcha atras a los cambios a las designaciones de las cargas publicas durante sus primeros 100 dias como mandatario, pero los expertos creen que probablemente se mantendra vigente parte del temor que se ha infundido.Britani, quien como otras mujeres en este articulo pidieron que no fueran publicados sus apellidos debido a su estatus migratorio, comento que, cuando llego a la sala de urgencias por segunda vez, los doctores le dijeron que habia desarrollado otra infeccion, una mas grave.Britani fue internada para pasar la noche. La mañana siguiente, un trabajador social le pregunto a la familia como planeaba pagar el tratamiento. "Te ponen entre la espada y la pared", comento mas tarde Maria, la suegra de Britani, quien tambien vive en el pais sin permiso legal. "Es tu bebe o tu estatus migratorio".La familia decidio que la unica opcion era solicitar una version limitada de beneficios publicos disponible en Texas para las embarazadas que viven en el pais sin un permiso legal, esto permitio que Britani recibiera el primer ultrasonido de su embarazo, bastante entrado el segundo trimestre. Sin embargo, las granulosas imagenes blanco y negro de su hija en crecimiento dificilmente fueron tranquilizadoras. "Tenia miedo porque no sabia si habiamos hecho lo correcto", admitio Britani. Obstetras asociados con la Universidad de Texas Valle del Rio Grande han llevado clinicas moviles a las colonias, con la esperanza de que sea mas probable que las embarazadas asistan a las citas si son cerca de su casa. Las clinicas cuentan con "promotoras" --profesionales de la salud con lazos fuertes dentro de la comunidad-- para convencer a los pacientes de que tomen el tratamiento, el cual es gratuito o tiene un descuento significativo.Maria Aguilar, una promotora nacida en Mexico que vivio un tiempo en Estados Unidos sin permiso, dedica sus dias a entregar alimentos y medicinas a las personas que estan demasiado atemorizadas como para salir a la calle. Les lleva mascarillas a las mujeres que trabajan en el campo durante sus embarazos, para protegerlas de la exposicion a los pesticidas. Sin embargo, Aguilar señalo que a menudo las mujeres ignoraban sus llamadas telefonicas porque tenian miedo de buscar tratamiento. Para cuando acuden a ella en momentos de crisis, algunas ya han sufrido abortos.Para responder con cuanta frecuencia afloran esos miedos en su trabajo con pacientes, Aguilar dijo: "Si te soy sincera, no hemos visto a nadie que no tenga ese problema".Despues de que entro en vigor la reforma a las prestaciones sociales del presidente Bill Clinton para limitarles el acceso de beneficios a los inmigrantes, se vio un efecto escalofriante similar. En Texas, despues de la promulgacion de la ley, hubo un aumento en la mortalidad y morbilidad materna, comento King Hillier, vicepresidente del distrito hospitalario del condado de Harris, el cual incluye a Houston. Incluso en el enclave liberal de Austin, la capital del estado, los medicos aseguran que tienen limites en cuanto a lo que les pueden decir sin problemas a los pacientes a fin de calmar sus preocupaciones sobre las nuevas tacticas agresivas usadas para rastrear y arrestar a los inmigrantes."Nadie puede mentirles para tranquilizarlas porque todo es posible estos dias", señalo Margaret Kini, ginecobstetra de una de las clinicas mas grandes de la ciudad para gente de escasos recursos.Griselda, una mujer que ha vivido en Austin mas de dos decadas sin permiso legal, comento que la eleccion de Trump en 2016 produjo un impacto inmediato en su comunidad. Poco despues, el padre de uno de los compañeros de clase de su hijo fue deportado, lo cual los asusto a ella y a los otros padres. Unos meses mas tarde, un policia la hizo orillarse mientras iba en el auto y le levanto una infraccion. Luego lanzo una advertencia a su hijo. "Le dijo: 'Si quisiera, me podria llevar a tu mama porque es ilegal'".Todo esto ensombrecio el descubrimiento del embarazo de su cuarto hijo en enero de 2019. En vez de ir a un hospital, como lo hizo cuando pario a sus primeros tres hijos, Griselda encontro a una partera para que le ayudara a dar a luz en casa a su hija, Ava Valentina. Debido a que espera tener el estatus legal algun dia, Griselda ha seguido evitando el uso de los servicios del gobierno, incluidos los que tiene su hijo como derecho por ser ciudadano estadounidense, pues teme las consecuencias futuras."No quiero ser una carga publica", comento, con su bebe de una semana en brazos, y preocupada del costo de su siguiente revision del segundo mes, cuando la bebe debia ser vacunada. "Si puedo pagarla yo sola, eso hare". This article originally appeared in The New York Times.(C) 2020 The New York Times Company

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    Opinión: Biden puede inspirar a Latinoamérica

    Una transformación de la agenda de Estados Unidos tendría un impacto importante en la región. CIUDAD DE MÉXICO — La elección de Joe Biden impactará a Latinoamérica de varias maneras. Una de ellas será un cambio de tono. Otra será la política exterior per se, la cual, dada la asimetría entre Estados Unidos y el resto del hemisferio, siempre es significativa. Y mucho más hoy en día, en vista de la creciente necesidad de una estrategia multilateral para afrontar la pandemia de coronavirus. Pero quizá lo más importante será la inspiración, o la transmisión de ideas. Esto tiene precedentes históricos. A principio de los años treinta, después de la elección de Franklin Delano Roosevelt y el Nuevo Acuerdo, América Latina comenzó a tomar en cuenta los acontecimientos en Estados Unidos. Todo el mundo estaba sufriendo los efectos devastadores de la Gran Depresión: el desempleo galopante, el colapso de los precios de las materias primas y la crisis institucional. Golpes de Estado habían derribado gobiernos en Brasil y Argentina; después, cayeron regímenes autoritarios en Cuba y Chile. La región encontró inspiración en Washington. Políticos como Lázaro Cárdenas en México, Getúlio Vargas en Brasil, Ramón Grau San Martín en Cuba, El Frente Popular y Pedro Aguirre Cerda en Chile, junto a otros, impulsaron estrategias similares al Nuevo Acuerdo, algunas más radicales que la propuesta de Franklin Delano Roosevelt y otras más moderadas. Ese “poder blando” estadounidense complementó la política del buen vecino. Pero en los años ochenta, la influencia de Estados Unidos se movió en la dirección contraria. En varios países de Latinoamérica, las crisis por la deuda externa y la elección de Ronald Reagan dieron paso a una “Reaganomía tropical”, o lo que vino a definirse como el Consenso de Washington o neoliberalismo. Carlos Salinas en México, Carlos Menem en Argentina, la dictadura de Pinochet en Chile; todos siguieron el ejemplo de Estados Unidos, la mayoría de las veces de manera más radical. Con Biden, una nueva respuesta a la pandemia y la subsecuente contracción económica, junto con un mayor impulso para reparar y ampliar la maltrecha red de seguridad social estadounidense, podrían provocar un cambio correspondiente en Latinoamérica. El acceso universal a la atención médica y el cuidado infantil, impuestos más altos a los ricos, aumentos del salario mínimo, las pensiones y las prestaciones por desempleo, educación superior pública y gratuita y reducir o mitigar el cambio climático son temas que ya se encuentran en la agenda latinoamericana. Las diferentes naciones seguirán cada una esta ruta a su manera: Chile con una nueva Constitución. Argentina mientras sale de otra crisis de deuda. Brasil con sus aumentos de las ayudas en efectivo, pero haciendo lo contrario en cuanto al cambio climático. México y Venezuela con respuestas todavía impredecibles. Pero si Biden logra implementar una transformación interna de Estados Unidos, esta tendrá un impacto enorme en América Latina. La falta de un mandato contundente de Biden y los probables resultados en el Senado estadounidense podrían frustrar la materialización de este escenario. Un sustituto mediocre sería el llamado “cambio de tono”. En vez de la “intimidación” de Trump, Biden restauraría una era de “respeto mutuo”, “responsabilidad compartida” y “voluntad de escuchar”. La región necesita inspiración y una política exterior de Washington, no lugares comunes ni eslóganes vacíos. Trump apaciguó a presidentes como Jair Bolsonaro de Brasil, Andrés Manuel López Obrador de México y Nayib Bukele de El Salvador, quienes lo consideraban un aliado. Biden debería —y seguramente lo hará— cambiar significativamente la política exterior estadounidense de cara a la región a pesar de lo que posiblemente será un Senado con mayoría republicana. Los temas más importantes para México, Centroamérica y el Caribe serán la inmigración y las políticas de asilo. El presidente de México aceptó cumplir de manera expedita las instrucciones de Trump de detener el flujo de migrantes provenientes de Centroamérica. Albergó a casi 80.000 solicitantes de asilo o inmigrantes de Centroamérica, Cuba, Haití y otras naciones en campamentos en condiciones miserables a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. Sin embargo, su país sentirá un alivio cuando se elimine el Protocolo de Protección al Migrante o “Quédate en México”, como también se le conoce. Se espera que se deje de enviar a los menores no acompañados que cruzan la frontera a México o a sus países de origen sin antes tener una audiencia en Estados Unidos. Los solicitantes de asilo legítimos serán escuchados y sus casos serán procesados. Estados Unidos aceptará el creciente consenso internacional sobre la violencia criminal, la violencia interna en el país de origen y el cambio climático como motivos legítimos para solicitar asilo. Lo más importante es que Biden ha prometido enviar un proyecto de ley al Congreso con una “ruta hacia la ciudadanía” para los 11 millones de extranjeros indocumentados en Estados Unidos, gran parte de los cuales provienen de México, Centroamérica y el Caribe. También ha dicho que insistirá en la aprobación definitiva del proyecto de ley de los dreamers, impulsado por el gobierno de Barack Obama, que beneficiará a más de 700.000 jóvenes principalmente provenientes de México y Centroamérica con una ruta hacia la ciudadanía. Si Biden cumple otra de sus promesas, una buena cantidad de recursos serán transferidos al Triángulo Norte de Centroamérica, conformado por las naciones de Guatemala, Honduras y El Salvador. Los 4000 millones de dólares que se destinarían a esos países superan los fondos que él mismo distribuyó durante el gobierno de Obama como director del plan Alianza para la Prosperidad. Estos recursos no detendrán la migración, mucho menos la violencia, pero la diferencia en el enfoque será evidente de manera inmediata. Del mismo modo, en la lucha antidrogas, incluso si Biden continúa la tradicional guerra contra el narcotráfico lejos de las fronteras de Estados Unidos, el anuncio de la legalización de la marihuana enviará un mensaje drásticamente distinto a todos los países productores o de tránsito de las drogas en América Latina. Un cambio tan radical a nivel federal en la política antidrogas estadounidense y en la actitud en torno al asunto generará inevitablemente discusiones y reformas en muchos lugares. La región continúa plagada de altos índices de violencia y corrupción relacionados directamente con la guerra que libra contra el narcotráfico a petición del gobierno estadounidense. En temas que también interesan a los países sudamericanos, y por supuesto al Caribe, todo parece indicar que Biden, si creemos en sus voceros de política exterior, buscará regresar a la normalización de las relaciones con Cuba del gobierno de Obama. Podría insistir un poco más que Obama en asuntos como los derechos humanos y la democracia, pero su principal objetivo será restaurar el turismo entre ambos países y los lazos políticos y financieros con La Habana. Sin embargo, también podría insistir en que Raúl Castro coopere con Washington y el resto de América Latina, particularmente con Colombia, para encontrar una solución a la dramática crisis en Venezuela. Esto último tal vez sea el asunto más delicado para Biden en Latinoamérica. Por un lado, todos los intentos de terminar con la dictadura de Nicolás Maduro han fallado. Por otro lado, la situación económica, social, política y humanitaria en Venezuela se deteriora día con día. Claramente, la única salida es la celebración de unas elecciones presidenciales libres, justas y supervisadas por el mundo entero, sin Maduro y con garantías para el chavismo y los cubanos beneficiados desde mucho tiempo atrás por la generosidad petrolera de Venezuela. Cada intento de sugerir esto en la mesa de negociaciones ha fracasado. Biden podría lograrlo. Tratar de incorporar a China, además de a Cuba, en las negociaciones y neutralizar el apoyo en declive por parte de Rusia, así como conseguir el apoyo de México y Argentina para una solución similar a la antes mencionada, podría funcionar. Una apuesta arriesgada, pero la única posible. Otra apuesta sería involucrar al presidente de Brasil, Bolsonaro, y convencerlo de modificar su postura respecto al cambio climático. Mientras que la Amazonía siga considerándose un asunto interno de Brasil y las compañías madereras y ganaderas sigan teniendo autorización para destruir la vegetación en la medida de sus necesidades, cualquier gestión estadounidense con una “mente conservacionista” estará enfrentada a Brasil. Esto requerirá de un gran esfuerzo diplomático. Biden probablemente termine con el amorío entre Trump y Bolsonaro, que no ha traído beneficio alguno a Brasil, a Estados Unidos ni a un mundo que necesita desesperadamente la protección de la Amazonía, su pulmón vegetal. Un tema igual de complejo que Biden tendrá que abordar, y con el que podría mejorar la calidad de vida de millones de latinoamericanos, es el de asegurar el cumplimiento de las disposiciones ambientales y laborales en los tratados de libre comercio con los países del hemisferio. El tratado con México es el más reciente y estricto, pero todos incluyen referencias a los derechos laborales y la protección del medioambiente. La cuestión siempre ha sido el cumplimiento. Biden tiene tanto el interés como la capacidad de seguir adelante con eso, en especial si los demócratas progresistas en el Congreso lo empujan en esa dirección. Biden inspira a América Latina porque defiende los valores que Estados Unidos debería representar: los derechos humanos, la democracia, la lucha contra la corrupción, la voluntad de mitigar el cambio climático. Además, porque es un presidente fundacional que pretende reconstruir un estado de bienestar estadounidense digno de ese nombre, otorgar a los millones de votantes de Biden y Trump socialmente marginados la red de seguridad social que se merecen. Y, finalmente, porque puede inspirar a los latinoamericanos que siempre han estado a favor del multilateralismo volviendo al multilateralismo, ya sea en las instituciones o en los valores. ¿Una transformación muy ambiciosa? Sí, pero América Latina no debería esperar menos. Jorge G. Castañeda es el autor de America Through Foreign Eyes. En sus columnas de opinión cubre la política y la cultura latinoamericanas y las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. This article originally appeared in The New York Times. © 2020 The New York Times Company

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    Un escritor brasileño no imaginó que su tuit, una sencilla sátira, fuera controvertido, pero las demandas en su contra no se hicieron esperar

    RÍO DE JANEIRO -- El punzante tuit fue una ocurrencia de lo mas natural para el novelista y periodista brasileño J.P. Cuenca, quien llevaba varios meses en cuarentena y estaba sumido en la rutina de ver sin parar noticias lugubres en sus redes sociales.Una tarde de junio, leyo un articulo sobre los millones de dolares que el gobierno del presidente Jair Bolsonaro habia gastado en anuncios transmitidos por estaciones de radio y television propiedad de sus aliados cristianos evangelicos, en particular la Iglesia Universal del Reino de Dios, una denominacion protestante que ha ayudado a impulsar el giro politico de Brasil hacia la derecha."Los brasileños nunca seran libres hasta que el ultimo Bolsonaro sea estrangulado con las entrañas del ultimo pastor de la Iglesia Universal", escribio Cuenca en Twitter, en alusion a una frase del siglo XVIII citada con mucha frecuencia en relacion con el destino de reyes y sacerdotes.Dejo a un lado su telefono, preparo cafe y siguio con su rutina diaria, sin siquiera sospechar que esas palabras pronto le costarian su trabajo con una agencia de noticias alemana, provocarian una avalancha de amenazas de muerte y darian pie a una infinidad de procedimientos legales. Por lo menos 130 pastores de la Iglesia Universal, que argumentan haber sufrido una "lesion moral", lo demandaron ante tribunales ubicados en puntos distantes de ese inmenso pais.Cuenca es una de las victimas mas recientes de un tipo de cruzada legal emprendida por pastores y politicos contra periodistas y criticos en Brasil, una nacion tremendamente polarizada. En respuesta a cada una de estas demandas, el demandado o su representante legal deben presentarse en persona ante el tribunal correspondiente, lo que implica traslados disparatados por todo el pais."Su estrategia es demandarme en distintas regiones del pais para que tenga que trasladarme a todos los rincones de Brasil, un pais que es del tamaño de un continente", explico. "Quieren atemorizar a cualquier voz critica en el futuro y arruinar mis finanzas o volverme loco. Es Kafka en los tropicos".Algunos defensores de la libertad de prensa afirman que, si bien el numero de demandas presentadas contra Cuenca es inusual, el tipo de campaña que enfrenta ya no es ninguna novedad.Leticia Kleim, experta legal de la Asociacion Brasileña de Periodismo Investigativo, señalo: "Hemos visto al sistema de justicia transformarse en una via de censura para obstaculizar el trabajo de los periodistas".Comento que el numero de demandas promovidas contra periodistas y agencias de noticias con el objetivo de eliminar contenido o solicitar el pago de daños y perjuicios por cobertura con un angulo critico ha aumentado notoriamente durante la presidencia de Bolsonaro, quien en muchas ocasiones ha reprendido e insultado a los periodistas."La retorica estigmatizadora ha incentivado esta practica", asevero. "Los politicos identifican a los periodistas como sus enemigos, y sus simpatizantes adoptan la misma postura".Cuenca dijo que su tuit no le habia parecido especialmente ofensivo dado el estado del discurso politico en Brasil.Despues de todo, al frente del pais se encuentra un presidente que apoya la tortura, en una ocasion le dijo a una legisladora que no valia la pena violarla porque era demasiado fea, y en otra comento que preferia que su hijo muriera en un accidente a que fuera homosexual. Ademas, en 2018 se presentaron cargos penales en su contra por incitar odio contra personas negras, mujeres e indigenas.Este mismo año, Bolsonaro rompio en colera con dos periodistas que le hicieron preguntas sobre un caso de corrupcion en el que estaba involucrado uno de sus hijos. A uno de ellos le dijo que tenia una "terrible cara de homosexual" y al otro le dijo que tenia ganas de reventarle la boca a golpes.Cuenca considero que su critica hacia referencia a estandares de comportamiento moral similares. Dijo que ve con desden a la Iglesia Universal, que se ha convertido en un monstruo trasnacional desde su fundacion en los años setenta, pues cree que contribuyo a llevar a Bolsonaro a la presidencia, lo que ha propiciado la destruccion ecologica, el mal manejo de la pandemia de coronavirus y el caos institucional."Estaba de lo mas aburrido y distraido, en procrastinacion y molesto por la politica", indico Cuenca. "Lo que escribi fue una satira".La primera señal de problemas fue una avalancha de ataques en sus cuentas de redes sociales. Despues, la editora de la emisora alemana publica Deutsche Welle, donde escribia una columna regular, le envio un correo electronico de una sola linea. "¿Cuenca, de verdad escribiste ese tuit?", pregunto.Cuenca ofrecio escribir una columna para explicar la historia de esa frase, versiones de la cual se han atribuido al sacerdote frances Jean Meslier, a Denis Diderot y François-Marie Voltaire, y dar ejemplos de intelectuales de la era moderna que han empleado variantes de esa linea para hacer comentarios sobre los problemas de Brasil.Por desgracia, la editora califico el tuit de "abominable" y le dijo a Cuenca que habian cancelado su columna. Deutsche Welle emitio un comunicado para explicar su decision, en el que enfatizo su repudio por "cualquier tipo de discurso de odio o incitacion a la violencia".Cuenca busco su nombre en una base de datos de casos legales y encontro decenas de demandas impresionantemente similares interpuestas por pastores de la Iglesia Universal, en las que exigian el resarcimiento de daños y perjuicios por la angustia que el tuit les causo. Las demandas se presentaron conforme a un mecanismo legal que exige que el demandado o su representante legal comparezcan en persona para presentar su defensa.Los casos de algunos pastores han llegado a manos de jueces abiertos a este argumento, incluso uno que ordeno que Cuenca borrara su cuenta de Twitter como parte de las acciones de reparacion. Sin embargo, otro juez decidio que la accion legal no tenia fundamento y en su resolucion señalo que se puede calificar "casi como un abuso del proceso legal".En una declaracion, la Iglesia Universal aclaro que no habia tenido ninguna injerencia en el torrente de demandas. "La Constitucion de Brasil les garantiza a todos sus ciudadanos, incluidos los pastores evangelicos, el derecho de buscar justicia", subrayo la iglesia. "Si una persona siente que la han ofendido o le han faltado al respeto puede solicitar algun tipo de desagravio ante los tribunales, y estos deben decidir quien tiene la razon".El comunicado hizo notar que el derecho a la libertad de expresion en Brasil "no es absoluto" y que no se puede utilizar la satira como pretexto para el prejuicio religioso. "Debemos recordar que la afirmacion del escritor Joao Paulo Cuenca provoco indignacion entre muchos cristianos en las redes sociales".Tais Gasparian, abogada de Sao Paulo que ha defendido a varias personas victimas de series similares de juicios simultaneos casi identicos, dijo que demandantes como la Iglesia Universal abusan de un mecanismo legal creado en los años noventa con la intencion de que el sistema de justicia fuera accesible y asequible para el ciudadano comun y corriente.El tipo de accion promovida en contra de Cuenca no exige que el demandante contrate a un abogado, pero si el demandado no comparece en persona, o envia a un abogado en su representacion, por lo regular pierde por defecto. Algunos pastores de la Iglesia Universal iniciaron una oleada similar de juicios en contra de la periodista Elvira Lobato despues de la publicacion, en diciembre de 2007, de un articulo en el que documentaba vinculos entre la iglesia y empresas con oficinas en paraisos fiscales.Paulo Jose Avelino da Silva, uno de los pastores que demandaron a Cuenca, dijo que decidio presentar la demanda por su propia iniciativa porque el tuit lo ofendio."Como brasileño, me hizo sentir excluido de mi propio pais", explico el pastor, quien vive en Maragogi, un pueblo costero del estado de Alagoas, en la region noreste del pais. "Si se hubiera retractado de lo que escribio, no lo habria demandado".Cuenca dijo que espera que esta dificil experiencia conduzca a cambios en el sistema de justicia que eviten bombardeos legales similares. Ademas, quiza todo esto se convierta en el tema de su proximo proyecto creativo."Pienso hacer una pelicula", dijo. Planea viajar a pueblos remotos para conocer a los pastores que lo demandaron y ver que pasa si solo se sientan a hablar e intercambian puntos de vista de buena fe. "Me gustaria hablar con ellos y descubrir que tenemos en comun".This article originally appeared in The New York Times.(C) 2020 The New York Times Company

  • The New York Times

    Opinión: Le pregunté a Fauci cuándo nos olvidaremos de los cubrebocas

    EN UNA ENTREVISTA, FAUCI NOS DICE CÓMO SOBREVIVIR LOS PRÓXIMOS MESES Y CONFIESA LO MUCHO QUE SE ASOMBRA CUANDO LA GENTE SIGUE INSISTIENDO EN QUE EL VIRUS ES UNA “NOTICIA FALSA”.

  • The New York Times

    Por qué se están desechando miles de acusaciones contra manifestantes

    LOUISVILLE, Kentucky. — A Matt Kaufmann le encantaba hablar en el aula sobre sucesos del mundo real, pero nunca se imaginó que él mismo se convertiría en un ejemplo. Sin embargo, los encabezados hicieron que fuera difícil evitarlo: “Maestro del año de una secundaria de Kentucky arrestado”, anunciaron estrepitosamente las noticias locales luego de que fue detenido el 31 de mayo. Kaufmann, quien en ese momento era maestro de literatura en la escuela Marion C. Moore, estaba entre más de 800 personas que detuvo la policía de Louisville durante los meses de las manifestaciones originadas por el asesinato de George Floyd en Minneapolis a manos de la policía y de Breona Taylor en Louisville. Kaufmann y su prometida, inexpertos en manifestaciones, se unieron a una gran multitud en el centro a finales de mayo, comentó, cuando los oficiales de la policía comenzaron a disolver la manifestación lanzando gases lacrimógenos y atacando desde todos los frentes. Bajo un helicóptero que estaba sobrevolando, de pronto se vio haciendo fila junto a decenas de otros manifestantes para luego ser llevado a la celda de una cárcel abarrotada. “Nunca antes había vivido algo así”, afirmó Kaufmann, de 41 años. “Fue aterrador”. Ahora, más de cinco meses después, cuando el caso de Kaufmann y el de miles de otras personas llegan finalmente a los tribunales en todo Estados Unidos, una gran mayoría de los casos contra los manifestantes están siendo desechados. Solo se mantienen los casos que involucran acusaciones más importantes, como daños en propiedad ajena u otros actos violentos. Los fiscales afirmaron que no tenía paralelo la magnitud de los arrestos masivos y de los sobreseimientos masivos en el espacio de unos cuantos meses, al menos desde las manifestaciones en favor de los derechos civiles de principios de la década de 1960. Puesto que la policía detuvo a cientos de personas en las ciudades importantes, este año, los arrestos terminaron tropezando con las limitaciones del sistema judicial. Como consecuencia, los fiscales se negaron a procesar muchos de los casos porque concluyeron que los manifestantes estaban ejerciendo sus derechos civiles básicos. Según los ficales de todo el país, los casos que tienen que ver con la libertad de expresión o la libertad de reunión pocas veces prosperan en los tribunales, y la pandemia del coronavirus también contribuyó a esta decisión. Una ola de miles de casos menores amenazaba con desbordar los tribunales que ya estaban tambaleándose con los enormes retrasos provocados por la cuarentena. También se reconoció que los oficiales de la policía a menudo recurrían al arresto masivo como una técnica para ayudar a despejar las calles, no para combatir un comportamiento ilícito. Para quienes están a cargo de los casos, la tarea ha sido ardua. “Todos los días pensaba que ya había terminado y a la mañana siguiente había 50 o 100 casos que registrar”, señaló Mary Ellen Heng, fiscal adjunta de la ciudad de Minneapolis. Hasta ahora, la ciudad está llevando a juicio aproximadamente 75 de 666 casos. “Con respecto al volumen de casos, lo que ha sucedido aquí en los últimos meses es algo que yo nunca había visto en mis 23 años aquí”, comentó. La mayoría de las acusaciones en los casi 300 casos federales relacionados con las manifestaciones tiene que ver con incendios provocados o agresiones a oficiales de la policía, como sucede con los casos estatales y municipales. “Esta es la resaca de meses de manifestaciones”, señaló Ted Shouse, abogado penal de la defensa en Louisville y quien ayudó a organizar a más de cien abogados voluntarios de la defensa. Los dirigentes de las manifestaciones y los abogados defensores de todo el país acusan a la policía de sumar cargos para intentar detener las manifestaciones. “Fue para sofocar la disidencia” señaló Attica Scott, la única mujer negra en la legislatura estatal de Kentucky y una de las organizadoras de la manifestación que fue detenida por la policía. El arresto de Scott en septiembre se ha convertido en uno de los casos más polémicos en Louisville porque a ella y a otros muchos dirigentes de la manifestación se les acusó al principio de intentar incendiar una biblioteca, un delito grave, y de no respetar el toque de queda de las 9 p.m. El fiscal del condado de Jefferson, Mike O’Connell, se presentó en el tribunal para solicitar que se desecharan las acusaciones de delito grave luego de revisar las pruebas, las cuales incluían una transmisión en Instagram en vivo realizada por Scott con una fecha que demostraba que el arresto fue antes del toque de queda. Los abogados de la defensa que trabajan en los casos de varias ciudades señalaron que fueron acusadas más personas de color que personas blancas, pero que no fue un patrón universal. “Incluso si se hace una adecuación de la conformación racial de las manifestaciones, la gente negra ha sido acusada de manera desproporcionada”, afirmó Shouse. En un estudio reciente de The Louisville Courier-Journal, se descubrió que las personas negras constituían el 53 por ciento de quienes fueron arrestados ahí durante los cuatro meses a partir del 29 de mayo, pero que enfrentaron el 69 por ciento de las acusaciones por delitos graves. En Portland, Oregon, donde existe un predominio de personas blancas, los acusados blancos conformaron el 65 por ciento de los más de 140 casos que continúan, mientras que el 32 por ciento eran de otros grupos raciales. John Bradley, vocero del Departamento de Policía de Louisville, señaló que los oficiales llevaron a cabo arrestos con base en la ley de Kentucky, y que el fiscal del condado debía decidir si llevarlos a juicio. No son exactas las cifras ni de los arrestos ni de los sobreseimientos en todo el país debido al complicado entramado de las agencias policiacas y los fiscales del estado, del condado, o de la ciudad involucrados. Por ejemplo, en el condado de Los Ángeles, el fiscal de distrito se rehusó a presentar cargos contra 334 personas, pero está procesando 257 casos de personas arrestadas entre finales de mayo y principios de agosto, señaló el vocero Greg Risling. Sin embargo, no todas las jurisdicciones del condado de Los Ángeles están desechando los casos. Beverly Hills está procesando acusaciones por delitos menores contra un grupo de 25 personas derivadas de una manifestación en junio y quiere procesar otros de una manifestación de julio, comentó Rachel Steinback, coordinadora del Comité de Defensa de Masas de la Asociación Nacional de Abogados de Los Ángeles. Es palpable el esfuerzo para ocuparse de los casos pendientes en casi cualquier juzgado importante de Estados Unidos. En Louisville, se dice que esos casos están en el “estacionamiento”. En conjunto, existen unos 22.000 de esos casos, con solo cuatro de cada diez tribunales operando en el juzgado del condado de Jefferson. A lo largo de dos días a finales de octubre, 300 comparecencias de casos relacionados con manifestaciones estaban atoradas en la agenda, aproximadamente diez veces más que la cifra habitual. La jueza Lisa Langford perdió de vista momentáneamente cuáles casos estaban en el juzgado y cuáles estaban en Zoom. “Me ha estado haciendo señas y pensé que solo se alegraba de verme”, bromeó luego de identificar a un abogado en Zoom. Los fiscales han llegado a desechar 219 casos relacionados con manifestaciones, afirmó Josh Abner, vocero del fiscal del condado de Jefferson. “No tenemos una varita mágica que podamos agitar para atender todos estos casos”, afirmó O’Connell, al señalar que un equipo de cuatro fiscales los estaba revisando. Después de los arrestos masivos durante la Convención Nacional Republicana de 2020, Filadelfia legisló que por un cargo menor se sacaría a la gente de las calles. Los oficiales de la policía comenzaron a emitir órdenes de comparecencia fuera de los juzgados habituales. Los delitos menores y los delitos graves pasan al fiscal de distrito, pero las órdenes de comparecencia no. Larry Krasner, el fiscal de distrito de la ciudad, mencionó que su oficina estaba desechando hasta 2000 órdenes de comparecencia. Los casos que se están analizando tienen que ver con incidentes como allanamientos de las tiendas o quemas de patrullas. Los procesamientos ahí y en otros lugares también fueron restringidos por el carácter caótico de las manifestaciones, sobre todo durante las primeras semanas en que ocurrieron la mayoría de los arrestos. Puesto que la policía trabajaba doble turno, los trámites se retrasaban, así que resultó imposible encontrar los informes o los testigos para algunos casos. En Louisville, mientras pasaban los meses y las acusaciones quedaban pendientes, muchos manifestantes se sentían atrapados en una situación incierta. Kelly Parry, una abogada defensora voluntaria de 33 años que fue imputada, se encontraba entre unos 76 manifestantes arrestados cuando obstruían una avenida en julio. “Es emocionalmente agotador no saber lo que puede ocurrirte”, comentó. “Te la pasas pensando ‘¿Es un pequeño problema o se convertirá en algo más grande?’” This article originally appeared in The New York Times. © 2020 The New York Times Company

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