"Pegar a los niños es abuso": qué hacer cuando vemos a otros padres maltratar a sus hijos

(Getty Creative)
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Una niña no mayor de cinco años camina por la acera. Su mamá, que se encuentra varios pasos por delante conversando con una amiga, voltea con cierta frecuencia para vigilar que esté cerca, reñirle y ordenarle que se apure.

Cada tanto, la pequeña nota que su madre se aleja más de la cuenta y se apresura. Pero luego se distrae, regresa a su mundo. Desacelera, retoma el ritmo contemplativo de los niños. Mira a su alrededor, se tapa los oídos y se los destapa ensayando: ahora escucho, ahora no. “¿Para qué te tapas los oídos?”, reclama la madre.

La niña suspende el juego y acelera su marcha, pero al poco tiempo se detiene a mirar cualquier cosa que llama su atención.

Agarra hojas caídas de los arboles, las observa, compara tamaños, las sobrepone, las agita. La madre gira nuevamente para comprobar si su hija se encuentra lo suficientemente cerca o se ha rezagado. Cuando la ve sacudiendo las hojas, le increpa, “¿pero qué haces? pareces una loca, ¡apúrate!”.

Yo, una transeúnte desconocida ubicada justo detrás de la criatura observando la escena y atenta a que no se escurra desde la acera hacia la carretera, precipito el paso, me pongo a la altura de la mamá y digo: “¡Qué va!, loca no. Los niños son como laboratorios científicos. Ella está explorando y conociendo el mundo, calculando, comparando sonidos, tamaños, resolviendo preguntas… Mientras hace todo eso se está volviendo mucho más inteligente... ¡y lo hace jugando!”.

La señora sonríe justo al llegar a la esquina donde cada quién toma una ruta diferente.

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Esta ha sido una de tantas veces que me he tomado la licencia de intervenir cuando me encuentro con una niña o niño mal interpretado por sus progenitores o cuya integridad o seguridad se encuentra en riesgo. Afortunadamente esta situación no fue tan tensa o complicada y tuvo un final feliz. Pero no siempre ha sido así.

Es un tema bastante espinoso en tanto puede generar respuestas agresivas de parte de los adultos a cargo, empeorando aun más la situación y provocando que los niños se vean en medio de un campo de batalla, además de maltratados.

El caso es que me topo casi diariamente en espacios públicos y privados con escenas de interacciones violentas dentro de toda una amplia gama de intensidad y formas infligidas por adultos cuidadores hacia niños y niñas.

Unas nalgadas en la tienda para que dejen de tocar las cosas, gritos con insultos incluidos para que “hagan caso”, amenazas, humillaciones y burlas para descalificarlos por algo que hacen o dicen, dejarlos llorar en el cochecito hasta que revientan sin cogerlos en brazos, llevarlos a rastra en un centro comercial o por la acera porque no quieren seguir caminado, ignorarlos o alejarse de ellos cuando están en medio de una rabieta.

Niños, niñas, adolescentes, en países del llamado Primer Mundo como en países llamados del Tercer Mundo, de Sur a Norte, de Oriente a Occidente.

No hay lugar geográfico o cultura por la que esta servidora haya tenido la oportunidad de transitar en la que no haya visto y siga viendo escenas de malos tratos a la infancia.

Muchas veces mis lectores sensibilizados con el tema me preguntan qué hacer o cómo actuar en estos casos.

Me dicen que cuando se encuentran ante estos escenarios a menudo se sienten paralizados, sin saber cómo responder.

Los adultos tenemos el poder, la madurez y los recursos para defendernos y salir del maltrato, los niños no. Por eso soy de las que cree que los menores necesitan más adultos que se pongan de su parte, más testigos, voces que nombren y señalen el abuso. Más personas que expresen repudio social ante estas escenas.

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Salvando las diferencias, creo que así como se ha demostrado que decretando espacios libres de humo de tabaco aumentan la las tasas de cesación de consumo de esta droga legal tan dañina, en la medida en que más personas le demos voz al niño o a la niña, nos pongamos de su parte, en tanto cerremos filas par construir más espacios libres de malos tratos hacia la infancia a través de nuestros gestos y acciones concretas, recordando que los niños son personas y que merecen ser tratados con el mismo respeto con el que tratamos a los grandes, podríamos generar un efecto parecido a las leyes antitabaco.

Cuándo y de qué manera intervenir, es algo que dependerá mucho de cada caso. Yo por ejemplo, si decidiera intervenir cada vez que me encuentro con interacciones irrespetuosas o inadecuadas, ya estaría encerrada en un psiquiátrico. Decido hacerlo según sienta que la situación facilitará un resultado lo menos conflictivo y lo más beneficioso posible para el menor implicado.

En general me dirijo directamente al niño o a la niña tratando de prestar palabras a eso que pudiera estar sintiendo.

Por ejemplo, estás cansado de estar tanto tiempo en el cochecito ¿verdad que sí?, seguro que te hace mucha falta sentir a mami cerquita de ti.

En esos casos lo que suele ocurrir es que la madre reacciona favorablemente y decide cargar al pequeño o atender esa necesidad que su hijo o hija pudiera estar reclamando y que ha sido traducida o ha tenido eco en la voz de otro adulto.

Cuando hay golpes intervengo siempre de forma firme, clara y directa hacia el adulto responsable, diciendo, por ejemplo, “señora, no se le pega a los niños, pegar a los niños es abuso, es delito, hay otras formas de ayudarles a entender”.

A veces dirigen su rabia hacia mi, a veces se justifican, a veces se muestran avergonzados o avergonzadas, pero en general detienen los golpes en ese momento.

Crazy Family
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De acuerdo a los tratados internacionales, la infancia es objeto de especial protección. En muchas leyes el maltrato infantil se considera delito de acción pública lo que se traduce en que cuando somos testigos y no denunciamos nos convertimos en cómplices.

Recordemos que los niños y niñas son indefensos y están en especial situación de vulnerabilidad, no pueden salir por sí mismos de las situaciones de abuso. Dependen de nosotros los adultos. De todos los adultos.

Y tú, ¿qué haces cuando te encuentras con escenas de malos tratos hacia los niños?

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